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Los pactos de desinversión en sociedades familiares. El “triple declive” – 02 febrero 2016

Los pactos de desinversión en sociedades familiares. El “triple declive”

 

He constatado en el asesoramiento, a través de los años a las empresas familiares, una revolución sistémica en todas ellas que siempre se sitúa en un punto predecible en el tiempo. El paso del tiempo no solo deteriora las relaciones familiares sino que además incide en la evolución positiva o negativa de las empresas familiares en su vertiente empresarial.

En algunos casos, aquellos ejecutivos que han sido elegidos en el seno de la propia familia son menos “rentables” que aquellas que tienen ejecutivos externos. Otra veces,  causas como la falta de reparto de dividendos o las disensiones derivadas de la edad del fundador y la madurez de los hijos hacen coincidir la tormenta perfecta en un momento que yo denomino “triple declive”.

El “triple declive” lo defino personalmente como el momento en el que se conjuga; la merma de capacidad directiva del fundador, los cambios en las expectativas de seguridad personal de los hijos y las expectativas no satisfechas de la familia. La simple sugerencia de la existencia de ese momento nos obliga a plantear las soluciones legales que a ese evento. La tarea es difícil ya que la detección del meritado momento no se realiza nunca por parte de la propia familia y debemos ser los asesores externos los que la pongamos en la mesa del consejo de familia.

La forma más eficaz de enfrentarse a él, es adoptar por parte de las familias empresarias pactos de desinversión, definidos, claros y sobre todo eficaces. Dichos pactos deben ser muy formales, deben incorporarse en la medida de lo posible a los estatutos sociales y pueden buscar dos objetivos. Bien beneficiar subjetivamente a los miembros de la familia incentivando la obtención de liquidez o solamente favoreciendo la desinversión.

En mi experiencia la diferenciación depende del perfil de la familia y del diagnóstico familiar que hayamos realizado previamente. A mí me gusta distinguir dos tipos de pactos de desinversión; las cláusulas de salida y las cláusulas de liquidez.  Ambas previsiones pueden buscar el beneficio bien del propio socio o de sus herederos. En definitiva, con estos pactos, logramos el bienestar social.

Estos acuerdos no tienen en la dinámica de la empresa familiar el mismo objetivo que los habituales pactos que algunos abogados introducen en los pactos de socios y en los estatutos sociales propios de operaciones de M&A que se incorporan más por costumbre que por necesidad en muchos acuerdos parasociales.

La ventaja de incluir estos pactos en los estatutos o en los protocolos familiares es favorecer la continuidad saneada del negocio y el bienestar subjetivo del accionista familiar o de sus herederos.

Ponemos por ejemplo aquellas cláusulas que incorporan derechos de arrastre. Dichas clausulas no aseguran dicha salida solo conceden la obligatoriedad de salir. Son las tantas veces mal utilizadas cláusulas de “tag-along” y de “drag-along”. Que no hacen sino imponen obligaciones de venta o de arrastre.

La aplicación práctica de estas cláusulas para solucionar los conflictos familiares es muy diferente.  Pensemos por ejemplo en cláusulas de arrastre cualificadas para la venta en sociedades gemelas que puedan ser vinculadas a situaciones de mala gestión empresarial o   aplicable en momentos en los que se busca la desinversión total de la empresa familiar o simplemente la sustitución de algún miembro directivo familiar. Como digo, las alternativas pueden ser muchas y la inscripción y ejecutividad del pacto depende de su complejidad o de las limitaciones establecidas en la ley de Sociedades de Capital.

Como dinámica gestora de las voluntades de una empresa familiar las cláusulas de desinversión tienen menos eficacia para favorecer la continuidad del negocio familiar que los pactos de liquidez.

Estos pactos buscan ayudar a separar a aquellos socios o a sus herederos que por falta de ganas, ideas, situación familiar, trabajo, etc. no quieran seguir en el negocio familiar sin perjudicar la liquidez del negocio. Dichos pactos se articulan a través de cláusulas “ruleta rusa” y del mecanismo de la “compra asegurada garantizada” de compleja ejecución legal pero de mucha eficacia para la empresa familiar.

En nuestra experiencia la inclusión de estas cláusulas de salida ya sean de desinversión o liquidez no han sido trabajadas adecuadamente en los pactos familiares o estatutos antiguos ya que la práctica empresarial no las había demandado nunca.  

Ahora que por el paso del tiempo muchas empresas familiares se van encontrando en el punto del “triple declive”, vemos necesario revisar y actualizar los acuerdos familiares para permitir en su caso la continuidad sin cargas de aquellos miembros de las familia que quieren seguir en el negocio de aquellos otros que por circunstancias de la vida quieren o deben abandonar el proyecto empresarial común sin que ambas partes queden desprotegidas.

Un cordial saludo.

Angel Valverde